martes, 20 de abril de 2010

Huyamos despavoridos como ratas


En comparación con el cine japonés, y acaso hasta el despliegue internacional del cine chino en la década de los ochenta, la producción cinematográfica del este de Asia exhibida en Cuba fue bastante exigua. Al menos, hasta la presentación del Sorgo Rojo (1987) de Zhang Yimou, la única cinta del este de Asia no japonesa que recuerdo haber visto la vi en mi infancia. Fue en uno de los cines del barrio chino de La Habana (Nuevo Continental o Águila de Oro) donde, convoyadas con las películas del circuito de exhibición habitual, todavía pasaban películas chinas, y en chino, para el público del barrio. En aquella ocasión, mi padre me había llevado a ver El octavo (1969) -una historia búlgara sobre la resistencia antifascista- y la cinta china de turno era una comedia fantástica, donde un joven inocente era apaleado y un mago hacía que los golpes le dolieran a la suegra malvada. Era una cinta en blanco y negro, probablemente de los años cincuenta y, casi con seguridad, producida en Hong Kong o Shanghai. (Desconozco si la sociedad china siguió importando filmes para su consumo después de 1959 o si eran rollos que ya estaban ahí y se repetían hasta la saciedad, o si en algún momento dejaron de pasarse y desaparecieron).



Fuera de eso, sólo recuerdo las reseñas de “filmes clásicos” de Corea del Norte en uno de los mejores libros de humor que he leído: un compendio de Kim Song Il sobre la cultura norcoreana (o tal vez únicamente sobre su cine) donde se afirmaba, entre otras cosas, que el idioma coreano era apto para enseñar el marxismo porque tenía alternancia de sonidos altos y bajos. Los títulos de esas cintas “clásicas” -casi todas supuestamente escritas o dirigidas, o, al menos, supervisadas, por Kim Il Sung o Kim Song Il- eran del tenor de “De cómo la aldea tal sobrecumplió la cosecha de manzanas”.

Lo otro era una frase que oía comentar y que se atribuía a una cinta norcoreana exhibida en Cuba. Nunca vi la película y ninguno de los que decía haberla visto me supo dar razón ni del título, ni de algo más sustancial que no fuera el hecho de que era una película de guerra. Hoy pienso que tal vez pudo haber sido Mar de sangre (1968), un filme basado en una obra "clásica" supuestamente escrita por Kim Il Sung en la década del 1930, sobre la lucha contra la ocupación japonesa, y del cual existe el cartel del ICAIC que ilustra esta nota. De provenir ciertamente de algún filme, la frase resulta más que elocuente para advertir no ya lo burdo de la propaganda, sino el sinsentido de un sistema. De suponerla una invención popular, sería una magnífica muestra del ingenio cotidiano para hiperbolizar el evidente ridículo (y probablemente para asociarlo, implícitamente, a la similar esencia retórica del gobierno cubano). Ante el avance de las tropas de Kim Il Sung, y asumiendo el lenguaje triunfal de sus oponentes, los enemigos (y para el caso daba lo mismo japoneses, surcoreanos o chinos) exclaman a voz en cuello: “huyamos despavoridos como ratas, que ahí vienen los heroicos combatientes del ejército rojo”.

El cartel de Mar de Sangre está firmado por Dimas y es de 1971 (la imagen utilizada está tomada de otro enlace donde no aparece la firma). Las fotos de los cines han sido tomadas de sendos post del blog Buena suerte viviendo, de Lázaro Sarmiento, y pertenecen al Nuevo Continental y al Águila del Oro. Ambos posts están fechados en 2009 y no sé si ese será el estado actual de ambos cines. El cartel que aparece en la pared del Nuevo Continental, dice Cine Continental y también con este último nombre lo reporta el autor del blog. Tal vez la Oficina del Historiador de la Ciudad, que para esa fecha tenía la obra en estudio, haya hecho algún “descubrimiento” con respecto al nombre del inmueble.

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